Panteón Griego


El panteón griego se construyó principalmente en el momento del paso al primer milenio a.C.

Toma de las creencias de Oriente Próximo e integra divinidades prehelénicas (la Tierra Madre) y otras procedentes del panteón micénico (Zeus, Poseidón, Dionisos, Ares y Hermes). Estas divinidades, complementadas con nuevas figuras, se presentan en mitos que cuestionan los orígenes del universo y proponen respuestas a los grandes interrogantes que se plantea el hombre.

Así, en la Teogonía de Hesíodo se relatan, desde la aparición del Caos hasta el acceso de Zeus al rango de primero entre los dioses, las luchas de soberanía en las que los hijos echan a sus padres del trono. Nacida del Caos, Gea, la Tierra, engendra a Urano, el Cielo. De la unión de esta pareja primordial nacerán los doce Titanes. Temiendo que uno de ellos lo destrone, Urano los sepulta en las entrañas de la Tierra, que, indignada, le pide al menor, Cronos, que mate a su padre. Después de emascular a Urano, Cronos teme, a su vez, que lo despojen de su poder y se traga a todos sus hijos. Sólo Zeus logra salvarse. Mata a Cronos, libera a sus hermanos después de una lucha victoriosa contra los demás Titanes y finalmente comparte el gobierno del universo con sus dos hermanos, Poseidón y Hades.

Esta visión del paso progresivo del desorden primitivo al mundo jerarquizado de los dioses, todos personificados y dotados de atribuciones individuales, es la base de la religión de los antiguos griegos.

El politeísmo y el antropomorfismo son dos de las principales características del panteón griego. Los dioses son múltiples y representan la naturaleza en todas sus formas. No son descritos como abstracciones sino como personas. Son inmortales y todopoderosos, lo que no les impide ser cercanos a los hombres, pues experimentan como éstos la ira, la pasión, el amor, los celos y otros sentimientos humanos. Tema predilecto del arte griego, cuya función era esencialmente religiosa, los dioses y los mitos que los ponen en escena son una fuente inagotable de inspiración tanto para los poetas como para los escultores o los pintores. La iconografía de los dioses se codificó con el tiempo, volviéndolos a menudo reconocibles a primera vista, gracias sobre todo a los atributos, elementos iconográficos precisos (objeto, animal, planta…) que permiten distinguirlos con facilidad.


Dioses del olimpo

Los olímpicos son los principales dioses de la mitología griega. Se llaman así en referencia a su lugar de morada, el monte Olimpo, en Tesalia. La tradición acabó por fijar su número en 12.

En lo más alto de la jerarquía está Zeus, que divide el universo en tres partes, quedándose él con la más prestigiosa, el cielo. Manda a la lluvia y al trueno. Rey de los dioses, es el garante del orden y la justicia. Le da el reino de los mares a su hermano Poseidón, quien también es el dios de los temblores y terremotos. Desencadena tormentas, hace brotar los manantiales y protege los caballos. Finalmente a Hades, el segundo en rango, le concede el mundo subterráneo y el poder de reinar sobre los muertos. Los tres hermanos son representados de la misma manera: hombres de edad avanzada, con barba, de porte majestuoso, vestidos con un chiton (túnica hecha de tela de gasa) largo y un himation (gran capa de lana de forma ortogonal).

Siguen sus tres hermanas: Hera, Démeter y Hestia. Hera es la esposa de Zeus y así es como ella se define. Diosa del matrimonio. Démeter es la diosa de la tierra cultivada y la protectora de las mieses. Hestia, la discreta diosa del hogar, es una excepción: no forma parte de ninguna leyenda y está casi ausente de cualquier representación figurada.

Los olímpicos de segunda generación se definen como hijos de Zeus, excepto quizás Afrodita, quien, según las versiones, es hija de Zeus y Dione, o hija de Urano, nacida de su sangre caída en la espuma del mar.

Atenea, diosa de la guerra pero también de la inteligencia y de la sabiduría, protectora de la ciudad de Atenas y de los artesanos. Hermes es el dios del ardid, de los ladrones y de los salteadores. Dios psicopompo (conductor del alma de los difuntos hacia ultratumba, cielo o infierno), acompaña a los muertos al más allá; dios de la elocuencia, se convierte en el mensajero de los dioses.

Apolo y Artemisa, mellizos y arqueros divinos, son los hijos de Zeus y de Leto. Íntimos, a menudo se les representa el uno al lado de la otra. Apolo es el dios de la música, de la poesía y de las artes, al igual que de la luz y de la adivinación. Encarna el orden y la armonía. Artemisa es principalmente la diosa de la naturaleza salvaje, protectora de los animales y de las mujeres en proceso de parto.

La tríada Afrodita, Ares y Hefestos cierra la lista. Se vinculan entre sí por el matrimonio y el adulterio. Afrodita, diosa del amor, de la belleza y de la seducción, es la esposa del más feo pero también más creativo de los dioses: Hefestos. Amo del fuego y protector de los artesanos. Afrodita lo engaña de manera descarada, especialmente con Ares, quien encarna la otra cara de la guerra con respecto a Atenea, él representa la violencia de los combates y la sed de sangre; tosco y agresivo.

Dionisos no se parece a ningún otro dios. Todo en él es insólito, empezando por su nacimiento. Su nombre significa “nacido dos veces”. Dionisos se convierte en el dios del vino, de la embriaguez, del éxtasis y de la locura. Favorece la frondosidad de las plantas y la lujuria de los hombres. Por último, después de múltiples pruebas y viajes, lo admiten en el Olimpo. Cuentan que fue Hestia quien le cedió su lugar.

Encontramos en el culto a Dionisos, mitad hombre y mitad dios, características que prefiguran al cristianismo, como el vino que representa la sangre del dios o la embriaguez que se confunde con el éxtasis que espera al iniciado en el más allá.


Manifestaciones divinas

Los dioses griegos no eran en principio visibles a los hombres. El culto sacrificial no comprende ninguna revelación, ninguna aparición divina milagrosa (o epifanía). No obstante, el rayo es considerado una epifanía directa de Zeus y dondequiera que caiga se eleva un santuario.

En los mitos, las epifanías divinas presentan a los dioses como seres altos, bellos y que huelen bien, pero fatales para los hombres que se atreven a mirarlos. Sémele, la madre de Dionisos, es buen ejemplo de ello. Cualquier transgresión de los límites definidos por los dioses es peligrosa. Otro tipo de manifestación divina, que tuvo enorme éxito en la literatura y en las artes figuradas, es la metamorfosis, medio muy cómodo de aparecer de incógnito a la vista de los mortales.

Zeus utilizó este ardid y abusó de él, particularmente para conseguir sus fines en materia de relaciones amorosas. Las más conocidas son las de la lluvia de oro con Dánae, del toro con Europa, del cisne con Leda o también del águila con Ganímedes. Para algunos, las transformaciones de Zeus se explican por los celos de su esposa Hera, a quien intentaba engañar cambiando de apariencia. Quizás la razón de eso sea más antigua y tenga que ver con cultos locales, en los cuales se sustituía a la divinidad con un animal o un objeto.